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Resolver el conflicto antes de que se convierta en un problema mayor para el negocio

Cuando un desacuerdo amenaza con parar el proyecto

Un equipo de trabajo escucha a una compañera

El proyecto está en marcha, los plazos corren y aparece el desacuerdo: un cambio de alcance que nadie formalizó, un sobrecoste que ninguna parte quiere asumir, un retraso del que todos se acusan. Cada semana de bloqueo cuesta dinero a todas las empresas implicadas, y las cartas de reserva de derechos empiezan a cruzarse.

Los conflictos de proyecto tienen una particularidad que los hace urgentes: el tiempo juega en contra de todos. Hay obra, desarrollo o servicio pendiente de ejecutar, equipos movilizados y penalizaciones que se acumulan. Dejar que el desacuerdo se formalice en reclamaciones suele significar que el proyecto se resiente o se para, que las posiciones se blindan y que la energía se desvía de construir a documentar el conflicto.

La alternativa es tratarlo mientras todavía es un problema de proyecto y no una reclamación permanente. La mediación permite sentar a las partes —con sus técnicos y asesores— ante el problema concreto, ordenar qué es discusión técnica, qué es económica y qué es desgaste acumulado, y negociar una salida compatible con el calendario.

Cuando intervienen varios proveedores o subcontratas que se señalan entre sí, la mediación multiparte evita la trampa habitual: que cada empresa espere a que otra asuma el coste mientras el proyecto se degrada. Trabajamos presencialmente en Málaga y online, lo que agiliza reunir a partes en lugares distintos. Si lo que necesitas es preparar la estrategia de reclamación de tu empresa, eso corresponde al asesoramiento —orientación unilateral, con profesionales distintos de los que median—.

Situaciones frecuentes

  • Retrasos cuya responsabilidad las partes se atribuyen mutuamente.
  • Cambios de alcance ejecutados sin acuerdo formal sobre su coste.
  • Sobrecostes que ninguna parte quiere asumir.
  • Diferencias técnicas sobre calidades, especificaciones o entregables.
  • Certificaciones, hitos de pago o recepciones discutidas.
  • Conflictos entre contratista principal y subcontratas.
  • Proyectos con múltiples proveedores que se señalan entre sí.
  • Relaciones tensionadas que ponen en riesgo las fases pendientes del proyecto.

Qué puede aportar la mediación

En un proyecto en marcha, la mediación permite resolver el desacuerdo sin detener los trabajos: las partes negocian, con ayuda de un mediador neutral, una solución técnica y económica concreta, en plazos compatibles con el calendario del proyecto, y preservan la relación de colaboración necesaria para terminar lo contratado.

El acuerdo suele materializarse en una adenda al contrato: nuevo calendario, reparto pactado de sobrecostes, redefinición de alcance o mecanismos para gestionar los próximos cambios sin repetir el conflicto. Si el conflicto es con un proveedor habitual, mira también clientes y proveedores; si el proyecto ya terminó y la disputa es sobre lo ejecutado, encaja mejor en conflictos comerciales. El proceso está descrito en cómo funciona.

Cuándo puede no ser adecuada

Hay casos en los que conviene otra vía, al menos primero. Si necesitas medidas urgentes —asegurar prueba, retener pagos con respaldo legal, ejecutar garantías—, el asesoramiento jurídico va antes que cualquier negociación. Y si la otra parte negocia solo para ganar tiempo mientras agrava el incumplimiento, la mediación no debe servir de cobertura: parte de nuestro trabajo es detectarlo y decírtelo. Si dudas de qué vía encaja con tu situación, el recomendador de encuentra tu solución te orienta en dos minutos.

Preguntas frecuentes

¿Hay que parar el proyecto durante la mediación?

No, y de hecho lo habitual es lo contrario: se median precisamente los términos para que el proyecto continúe. Las partes pueden pactar al inicio medidas provisionales —qué se ejecuta, qué se factura, qué queda en suspenso— mientras se negocia la solución de fondo, evitando que el desacuerdo paralice todo lo demás.

¿Pueden participar los técnicos y los peritos?

Sí, y en conflictos de proyecto suele ser imprescindible. Jefes de proyecto, dirección facultativa o responsables técnicos aportan el conocimiento del detalle; los peritos, cuando hacen falta, una base objetiva sobre la que negociar. La mediación organiza esa participación para que la discusión técnica ayude al acuerdo en lugar de enquistarlo.

¿Sirve si hay varias empresas implicadas?

Sí. La mediación multiparte está pensada para eso: sesiones conjuntas y por separado con cada empresa, un mapa claro de qué reclama cada una a quién y una negociación ordenada del conjunto. Resolver el problema entre todas las partes a la vez evita la cadena de reclamaciones bilaterales que estos casos suelen generar.

¿Qué pasa con las garantías y penalizaciones del contrato?

Siguen vigentes: la mediación no las suspende ni las anula por sí misma. Son, de hecho, parte de lo que se negocia: las partes pueden pactar su aplicación, su modulación o su sustitución por otros compromisos, y reflejarlo en el acuerdo. Nada se pierde por negociar; todo lo pactado requiere el consentimiento de tu empresa.

¿El acuerdo modifica el contrato original?

Si las partes así lo deciden, sí: lo habitual es recogerlo como adenda o novación parcial del contrato, revisada por los asesores jurídicos de cada empresa antes de firmarse. A partir de ahí obliga como el propio contrato y, si se desea reforzar, puede elevarse a escritura pública.

El conflicto ya existe. El siguiente paso puede ser diferente.

Cuéntanos brevemente qué está ocurriendo y valoraremos, de forma confidencial, qué tipo de intervención puede ayudarte.

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