Cuando analizamos la situación de la educación a todos los niveles, nos encontramos con voces que plantean la necesidad de cambios para hacer frente a situaciones concretas y reales, las que actualmente quedan fuera de la currícula. Y éste es el caso de la resolución-gestión de conflictos y las habilidades sociales para afrontar exitosamente nuestras relaciones, ya sea en la etapa escolar o siendo adultos, las que en general quedan fuera del proyecto educativo integral.

Aprender a reconocer sentimientos y emociones y cómo regular su expresión, saber identificarlas y qué hacer con ellas cuando parecen, poder negociar, llegar a acuerdos, poder transformar relaciones y saber sacar lo mejor de ellas son pasos necesarios para un desarrollo pleno y armónico.

Actualmente existen numerosos proyectos en escuelas e institutos relacionados con la mediación educativa y la convivencia en los centros. Para ello es necesario que toda la comunidad educativa participe y crea en la necesidad de apoyar la cultura del diálogo y la paz. Pero no debemos olvidar que la mediación es un procedimiento más. Existen también otras técnicas que se pueden emplear en las aulas para gestionar conflictos, sean éstos a nivel de grupo o en forma individual.

La resiliencia es otra concepción que podemos aplicar al trabajo con niños, adolescentes y adultos, para promover su desarrollo positivo aún en condiciones de dificultad. La figura del docente como promotor y tutor de resiliencia (Rubio y Puig, 2015)puede y  debe potenciarse para convertirse en ese punto de apoyo capaz de crear confianza y seguridad en los alumnos, inclusive en aquellos que han dejado atrás la etapa escolar obligatoria.

Apostar por la implicación y la formación de la comunidad educativa en técnicas de gestión de conflictos y habilidades sociales es una imperiosa necesidad. De este modo estaremos ayudando a educar en valores para la vida, generando así la semilla del adulto responsable.

Patricia Estela Barcones

mediadora